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Sostenibilidad & Mantenimiento/ Sustentability & Maintenance/ Sostenibilità & Manutenzione (S&/\/\)

¡AH, LA ESTADÍSTICA!

¡AH, LA ESTADÍSTICA!

Por Luis Felipe Sexto  

HAY tres tipos de mentiras: la mentira. La mentira desvergonzada y… ¡la estadística! –afirmó, reflexiva e irónicamente Kapitsa,  premio novel de física. Sin embargo, DECISIÓN e INCERTIDUMBRE son los términos señeros en la estadística moderna. Esta rama de las matemáticas se ocupa de todo lo relacionado con la recopilación de datos, el análisis y la toma de decisiones en presencia de incertidumbre. Por definición se parece bastante a lo que necesitamos para trabajar en la gestión del mantenimiento y en muchas otras esferas de la vida en general. Entonces, ¿Por qué algunos todavía le discuten el mérito a la estadística?

 De manera convencional la estadística se divide en descriptiva e inductiva. La primera desarrolla los métodos para el tratamiento de datos numéricos que comprenden generalizaciones. Por su parte, cuando se habla de predicciones, estimaciones o se toman decisiones considerando la incertidumbre, se hace referencia a los métodos de la estadística inductiva. Así es que, estas técnicas, se emplean sobradamente en las prácticas de mantenimiento cuyo sentido es la evaluación y el análisis de los riesgos cuando hay que generalizar resultados o tomar decisiones (pensemos, por ejemplo, en prácticas de Mantenimiento Predictivo, Centrado en la Confiabilidad, basado en riesgo, en el Control Estadístico de Procesos…en fin, en cualquier tecnología que trabaje con medidas).    El célebre estudio realizado en la década de los 60 que reflejó que en la aviación los patrones de fallos se ajustan, en su mayoría, a distribuciones teóricas que no son precisamente Weibull, es el resultado coherente de la aplicación de métodos de la estadística inductiva. Para nada es asombroso el resultado. Lo sorprendente es que la idea que existía ―relacionada con el ajuste de la distribución de fallos de todos los componentes y sistemas a una distribución según la curva de bañera— perdurara durante décadas debido a una falsa premisa que demoró en superarse, hasta que la publicación del estudio evidenció que existían varios patrones de fallos posibles y coexistiendo.    A propósito, en varias ocasiones he escuchado a expositores, consultores, gente de prestigio, que en el afán por dar a conocer, a diferentes auditorios latinoamericanos, la existencia de lo anterior, han utilizado el sofisma de generalizar los hallazgos del estudio realizado en la industria aeronáutica, pretendiendo extrapolarlo al resto de las industrias. Dando a entender, entre otras cosas, velada o afirmativamente, que la distribución de Weibull “se ha demostrado que no tiene incidencia significativa” en la actualidad. Tales afirmaciones categóricas son incorrectas planteadas de ese modo y generan incertidumbre y desconfianza,  engañando a quienes creen y reciben el mensaje.  

Un modo de pensar estadístico acepta que los datos presentan una distribución, están dispersos y que todo proceso sufre variaciones. ¿En qué medida se podrá obtener información útil de la distribución y dispersión de los datos? Ello dependerá de la aplicación práctica de los métodos estadísticos. Por ejemplo, tomemos el indicador de confiabilidad Tiempo Medio Entre Fallos (TMEF). Que también ha sido muy criticado en unos casos y sobrevalorado en otros. Resulta que estadísticamente, este indicador es un tipo de promedio (una medida de tendencia central) y a través de su valor trata de describir a una muestra o a una población de datos (tiempos y fallos). Generalmente, jamás se da la medida estadística en que ese valor es representativo para nuestros fines.

Es decir, se omite la medida de variación que indique cuán  dispersos están los datos alrededor del valor promedio TMEF. Menos aún, se suministra el intervalo de confianza donde con determinado nivel de certeza puede encontrarse efectivamente el valor del TMEF. Sin este tratamiento de los datos, ¿cómo creer y hacer planes en torno al TMEF? En este caso, como en todos los comparables, lo más importante es precisamente lo que no queda expresado. Mientras se despierta la conciencia de esta debilidad y se corrige, habrá que continuar haciendo planes, estimaciones y hablando de confiabilidad con un número que puede nos esté diciendo mucho, poco o ¡nada!
 

El problema que subyace es, una vez más, la formación que se necesita para asimilar un modo de pensar estadístico sin que suponga un conflicto o un trauma para las personas que deben aplicarlo en su gestión de trabajo. Los japoneses se propusieron, para su revolución de la calidad, que el pensamiento estadístico fuera patrimonio de cada trabajador y no sólo de los especialistas. Se llevó la enseñanza de estas técnicas al nivel de formidables herramientas para el trabajo cotidiano de mejora de los procesos y de todas las  actividades donde fueran aplicables. Desde el punto de vista técnico, un gran aporte de Japón, fue el haber logrado el empleo extensivo y la popularización de la estadística como base del control y mejoramiento de la calidad en general y de la confiabilidad en particular. ¿Será acaso una misión imposible intentar, cuatro décadas después, algo parecido en Latinoamérica? El asunto es que sin piernas no es posible caminar y sin alas resulta excepcional el vuelo.   

Es difícil concebir hoy un sistema de gestión asistida por computadora (GAC) que no facilite el procesamiento de datos y la presentación de resultados útiles para la toma de decisiones. Pero, en muchos casos, no se obtienen los resultados esperados por éxitoso que sea el software que se posea. Ello sucede porque no se logran resolver los problemas de base y cultura (incultura) que hacen posible que el resultado estadístico no diga nada ni sea confiable. No existe sistema GAC capaz de corregir esta flaqueza del hombre y su filosofía de trabajo mientras no exista una acción consciente y eficaz para eliminarla. 

 

Cuando se recogen sin rigor los datos, cuando los datos son falsos, cuando el análisis es incorrecto, cuando se manipulan los resultados; entonces el resultado “estadístico” se transforma en mentira.  Y puede ser tan grande la distorsión, que a veces, supera a la mentira desvergonzada. Es entonces cuando algunos se confunden y piensan (o intentan que otros crean) que “la estadística no sirve”, ¿pero qué llevó a tal resultado? Revísese el sistema y aflorará qué o quiénes son los que, en efecto, hasta el momento no demuestran suficiente competencia. ¿Ignorancia, desidia o malaintención?   

 

Ah, si nada cambiara, si todo fuera previsible y lineal… ¡si pudiéramos triunfar sin la estadística!

 

 

CONFIABILIDAD EN EL AIRE: ¿CON QUIÉN SE VUELA MÁS SEGURO?

CONFIABILIDAD EN EL AIRE: ¿CON QUIÉN SE VUELA MÁS SEGURO?

Por Luis Felipe Sexto

¡Más rápido, más alto, más lejos y más seguros! Es el paradigma de las líneas aéreas en el mundo. Sin embargo por diversas razones de tipo técnicas, gerenciales, económicas o por ciscunstancias particulares el desempeño en seguridad de vuelo varía de una aereolínea a otra. Así por zonas geográficas tenemos que  las tasas de fallos catastróficos más alta pertenecen en Norteamérica (USA y Canada) a ValuJet/AirTran con 5,88. En el área del Caribe y Sudamérica, Cubana de Aviación  y Aeroperú ostentan los mayores indicadores negativos con 24 y 16,7 respectivamente. En el viejo continente el peor valor lo muestra Turkish Airlines (THY) con 7,30. En Africa y medio oriente se encuentran Royal Jordanian y EgyptAir con tasas de 8,82 y 8,0 por su orden. En Australia y Asia se encuentran con menores desempeños China Airlines y Air India con sendas tasas de accidentes de 10,2 y 6,82.

¿Pero en esencia que significan estos números?

La tasa de fallos pude expresarse de diversas maneras. Normalmente se obtiene para cualquier sistema, como número de fallos por unidad de tiempo, pero también es posible, para los fines particulares de reflejar la tasa de fallos castastróficos, definirla como Tasa de Accidentalidad (TA) como se presenta en la ecuación (1):

TA=Eventos fatales/Número de vuelos      (1)

En la siguiente tabla se representan 60 aereolíneas de todos los continentes pero ordenadas en orden decreciente de su tasa de accidentes. Lo que significa que, de la muestra de líneas aéreas, All Nippon, Delta Air Lines/Connection y British Airways son las que lideran el aspecto de seguridad en el aire.

60

Cubana

30

Royal Air Moroc

59

Aeroperu

29

Saudi Arabian Airlines

58

Air Zimbabwe

28

KLM

57

China Airlines

27

Swissair

56

Royal Jordanian

26

Varig

55

EgyptAir

25

Aerolineas Argentinas

54

Turkish Airlines (THY)

24

Air France

53

Air India

23

Tap Air Portugal

52

ValuJet/AirTran

22

Malaysia Airlines

51

Korean Air

21

British Midland

50

Nigeria Airways

20

Cathay Pacific

49

Pakistan International

19

Iberia

48

Indian Airlines

18

Alitalia

47

Philippine Airlines

17

Alaska Airlines

46

Garuda Indonesia

16

Trans World Airlines/Express

45

LAN Chile

15

Braathens SAFE

44

Ethiopian Airlines

14

Air New Zealand

43

Midwest Express Airlines

13

Air Canada

42

Air Afrique

12

Continental Airlines/Express

41

VASP

11

South African Airways

40

Avianca

10

American Airlines/Eagle

39

Kenya Airways

9

USAirways/Express (USAir)

38

Thai Airways International

8

Mexicana Airlines

37

Iran Air

7

United Airlines/Express

36

Transbrasil

6

Aloha Airlines

35

Japan Airlines

5

Northwest Airlines/Airlink

34

SilkAir/Singapore Airlines

4

Lufthansa

33

Aeromexico

3

British Airways

32

Asiana

2

Delta Air Lines/Connection

31

Olympic Airways

1

All Nippon

En la figura se presenta el gráfico de Caja y Bigotes para representar la TASA DE ACCIDENTES, considerando 60 aerelíneas de todos los continentes.

Un gráfico de Caja y Bigotes es una buena herramienta para mostrar varios aspectos de una muestra de datos.  La parte rectangular del gráfico se extiende desde el cuartil inferior hasta el cuartil superior, cubriendo la mitad central de la muestra.  La línea central dentro de la Caja muestra la localización de la mediana de la muestra.  El signo + indica la localización de la media de la muestra. 

Los bigotes se extienden desde la caja hasta los valores mínimo y máximo de la muestra, excepto los puntos externos o los puntos externos lejanos, los cuales se representan por separado.  Los puntos externos son los que quedan a más de 1.5 veces el rango intercuartílico por encima o por debajo de la caja y se representan como pequeños cuadrados.  Los puntos externos lejanos son los que quedan a más de 3.0 veces el rango intercuartílico por encima o por debajo de la caja y se representan como pequeños cuadrados con el signo + en su interior.  En este caso, hay 2 puntos externos (correspondientes a Air Zimbabwe y China Airlines) y 2 puntos externos lejanos (correspondientes a Cubana de aviación y Aeroperú). La presencia de puntos externos lejanos indica, en este caso, valores atípicos.

CUBANA DE AVIACIÓN  ha tenido 13 eventos catastróficos, pero para el cálculo de la tasa de accidentalidad sólo son válidos 8, dado que no se consideran desastres aéreos provocados por atentados o actos terroristas. Desde el primer reporte en 1951, hasta la fecha considerada de la estadística (diciembre de 2004), han fallecido unas 524 personas en accidentes aéreos ocasionados por aviones de CUBANA.

CONCLUSIONES

  • De las líneas aéreas analizadas la de mayor confianza es ALL NIPPON con una tasa de accidentes igual a 0,22. Es decir, un accidente en 4, 64 millones de vuelos.
  • La aereolínea con mayor Tasa de Accidentes es CUBANA DE AVIACIÓN con una tasa igual a 24. Lo que significa un total de 8 desastres en 0,33 millones de vuelos. Este resultado no incluye los eventos desatados a causa  de actos terroristas.
  • Con 8 eventos desastrosos se encuentran también: Philippine Airlines en 1,71 millones de vuelos. Garuda Indonesia en 1,96 millones de vuelos y USAirways/Express (USAir) con 55,5 millones de vuelos.
  • USAirways/Express (USAir) es, con creces, la línea aérea con mayor número de vuelos con 55,5 millones.
  • INDIAN AIRLINES es la aereolínea con mayor número de eventos desastrosos con 12, pero en 2,5 millones de vuelos.
  • Le siguen en valores absolutos de eventos desastrosos American Airlines con 10 y United Airlines/Express con 9, en 17 y 18 millones de vuelos respectivamente.
  • Se recomienda consultar el sitio http://www.airdisaster.com/ si se desea más información descriptiva, e incluso algunos reportes oficiales de análisis, sobre desastres aéreos. 
  • Para más detalles sobre el contenido completo de este trabajo o los fragmentos expuestos en el blog del análisis estadístico sobre accidentes aéreos, consultar con el autor.

 

 

EL CICLO DE LA NO CALIDAD, PRINCIPIO ACTIVO DEL FRACASO

EL CICLO DE LA NO CALIDAD, PRINCIPIO ACTIVO DEL FRACASO

 

Por Luis Felipe Sexto  

En la vida no se resuelven los problemas como en las películas baratas donde, de oficio, el bueno le gana al malo. El ciclo de la no calidad es, podríamos decir, el opuesto ideológico del ciclo de la calidad. Se trata del Mefistófeles seductor que pervierte las buenas ideas y toda obra, sin importar cuán positiva sea. Abunda más de lo deseable. ¿Será posible un opuesto teórico a la mejora continua? Sí, y ojalá fuera teórico. De hecho,  y siguiendo la ley de unidad  y lucha de contrarios, si existe la mejora, es porque también vive su antípoda: la decadencia continua. De igual forma que su extremo positivo, puede contener las mismas cuatro fases (PHVA).

Quizás usted se sorprenda: ¿Qué es eso de que exista un ciclo de la decadencia y que aparente cumplir con las fases del de la mejora?    Observe el esquema y note que es posible planificar el fracaso o la no conformidad. También, ejecutar las acciones que se deriven de los pasos 1, 2 y 3. Es dable verificar que se puede seguir con el problema (paso 5) y en consecuencia ejecutar acciones correctivas, pero para impedir que cualquier medida atinada y radical interrumpa el camino hacia la coronación del fallo con la categoría de crónico.    

Parece un juego o una burla. Quizás  usted piense que el autor se cree gracioso. Sin embargo, si no fuera por la cantidad de veces que se aprecia el cumplimiento de este curso negativo hasta el absurdo, no fuera necesario hacerlo notar. En este ciclo todas las definiciones cambian de signo. Las acciones preventivas en vez de ejecutarse para evitar que suceda lo indeseable, se ponen al servicio de la planificación y ejecución del fracaso. Y las acciones correctivas se llevan a cabo para perpetuar las no conformidades recurrentes y crónicas.   Pocas personas u organizaciones, que cumplan con esta rueda viciosa, aceptan conscientemente que lo hacen (cabe que lo practiquen inconscientemente). Lo normal es que se declare la necesidad de mejorar la calidad de la organización o de algún proceso, pero dejarlo ahí, a nivel de declaración y, a lo más, ejecutar alguna escaramuza que permita aparentar que se es progresista. Sucede que la magia del ciclo de la no calidad, principio activo del fracaso, es muy sugestiva y poderosa. Se necesita grandeza, conciencia, formación y sentido común (liderazgo) para romper esta tela de araña.   

Seguro que usted agradecería ejemplos, ¡cómo no! La no calidad tiene más terreno que la calidad en muchas organizaciones. Con perdón de los que actúan diferente. Observe a su alrededor. ¿Por qué tiene varios procesos fuera de control? ¿Por qué a su departamento de mantenimiento le llaman “cuartel de bomberos”? ¿Por qué convive con tantos defectos crónicos? ¿Por qué pierde competencia? ¿Por qué sus clientes ya no lo prefieren o hasta lo obvian? Como planteó Crosby, el indicador de calidad, en cualquier actividad, es el costo por la falta de ajuste a las especificaciones (las pérdidas crónicas pueden superar el valor de la ganancia). Con el ciclo de la no calidad usted puede asegurar el más alto costo por falta de ajuste. Es decir, puede perder más de lo que gana (prestigio, identidad, dinero) y tiene la oportunidad de achacarlo a la mala suerte, a causas externas ingobernables o a otros. ¿Una expresión suprema de mediocridad?  ¿Un signo de decadencia? Ser bueno haciéndolo mal. ¿Sí? ¡Al menos nadie podrá decir que le falta calidad para producir no calidad!

 

MI DEUDA CON EL REY MIDAS ESPAÑOL

MI DEUDA CON EL REY MIDAS ESPAÑOL

Por Luis Felipe Sexto  

Mi vida habría tomado otros derroteros si no fuera porque, el mismo día que presenté mi tesis de Diseño Mecánico ante un tribunal, murió Eduardo Barreiros. Fue una sensación de pérdida que opacó la alegría de aquel, mi primer triunfo en busca del camino. Sí, me había graduado, pero al mismo tiempo se alejaba, como un mal educado, aquel gran hombre que en silencio prometía ser la persona que orientaría mi vida profesional. Nunca me lo dijo, pero yo lo sentía.  

Por alguna razón el recuerdo de Barreiros me ha acompañado en los últimos días. Quizás ha llegado el momento en que puedo valorar su actuación y ejemplo a casi quince años de su desaparición física. Poco tiempo pude disfrutar y aprovechar el privilegio de aprender a su lado, cosa que algunos en Cuba no valoraron justamente. Sin embargo, es quizás esto lo más paradógico de mi relación con Barreiros. Lo efímero del contacto y las marcas profundas en mi pensamiento y actuación derivadas de aquellos escasos pero inolvidables encuentros.  

 Transformaba en oro lo que tocaba, así decían en Estados Unidos, y le llamaban el Rey Midas español, pero me atrevo a asegurar que en este caso la palabra oro no se refería sólo al dinero. Eso sería plebeyizar su personalidad. Barreiros era, ante todo, un hombre de ley.  Creía en la palabra empeñada y con una  ética que lo llevaba a “hacer siempre honor a los compromisos”, como en el 63 cuando “llegamos a soportar en cartera la cifra de 600 millones de pesetas por carecer de clasificaciones bancarias [...] esta situación nos colocó en un verdadero apuro, pese a todo, no dejamos de cumplir un sólo compromiso”. Sabía respetarse como persona y como empresa. Ser muy tenaz, tener vocación y fe... Exactamente así, como lo demostró su vida y su obra. Un aspecto notable de su persona era que el método de su actuación era el reflejo de su conducta.

Apenas me iniciaba en mi carrera, cuando  acudí a la planta de motores Amistad Cubano-Soviética que, con la más alta tecnología, fabricaba motores para equipos pesados en La Habana. Tenía la esperanza de hacer un proyecto de tesis en algo que realmente me apasionara. A través de la influencia de una amiga logré llegar a la fábrica y una vez adentro tenía la orientación de dirigirme a la oficina de proyectos. En el lugar se encontraban varias personas, entre las cuales se distinguía una. Un señor mayor, que  disfrutaba de un Habano, de apariencia robusta, porte mediano, vestido  con un traje costoso, lo que contrastaba con el resto de los presentes.  Me inquirió:  

—¡Diga usted joven!  

Con la valentía que otorga la ignorancia y la limpieza de la primera juventud, respondí contándole de mis pretensiones de hacer un proyecto relacionado con el diseño de motores y manifesté mi interés en ese campo. Aquel pequeño gran señor puso toda su atención en mi con una intensidad que me hacía sentir disminuir de tamaño, pero aún así yo continuaba. Fue el momento justo, medito hoy, en que conocí lo que es un hombre de clase. Ante mi, Eduardo Barreiros, prestándome atención sin reparar en el tiempo, que sin dudas no le sobraba, ni en la persona, que apenas era un estudiante. Iniciaba a mostrarme, ya de inicio, uno de los elementos de su código: No mirar a nadie por encima del hombro. Preguntó acerca de mi especialidad y lo que quería exactamente. Luego decidió:  

—Vamos, conversamos mientras te muestro la planta. —Y continua mi asombro al verme caminar sólo con Barreiros, cuando pudo delegar en cualquiera...  

Ni siquiera era consciente de que aquel hombre era el mismo que en los 60 exportaba equipos pesados a 27 países; aquel que desde la humildad y a pobreza llegó a convertirse en un gran empresario, con una planta industrial de dos millones de metros cuadrados y con alrededor de 60 000 trabajadores. Un patrimonio valorado en más de doscientos millones de dólares, alcanzado con un sacrificio y un tesón sin precedentes. Siempre de menos a más: De comprar automoviles inservibles y revenderlos restaurados; de un taller casero a uno de mayores proporciones; de chofer a mecánico; de mecánico a innovador; de innovador a empresario; todo sin concesiones a los valores familiares ni abandonar el reto de la vida.   Mientras caminabamos comentaba:  

—Ni una colilla de cigarrillo debe haber en el suelo, ¡la limpieza es esencial. ¿Por qué va a estar sucia la planta? Siempre tiene que haber un encargado de garantizar la limpieza al final de cada jornada. No hay justificaciones para esquivar la limpieza y el orden, ni eso rebaja a ningún trabajador.  

En ese momento prestaba atención pero no entendía bien por qué tanto interés en la limpieza. Aún no comprendía la importancia de tal tarea, poco agraciada, para el mejoramiento del ambiente laboral y la detección y control de anomalías en la planta. ¿Por qué Barreiros me hablaba de tales cuestiones mundanas que no tenían la menor importancia? Creía yo que se trababa de una tendencia al perfeccionismo de aspectos secundarios que no encajaba en una planta de fabricación de motores. ¿Por qué habría que ocuparse de la limpieza con tanta insistencia cuando existe una tarea superior que es el verdadero sentido: la fabricación de motores? La respuesta a estas y otras tantas interrogantes la aprendí más de una década después con mis experiencias y estudios en Ingeniería de Mantenimiento de Plantas. Aún se de personas que vergonzosamente no comprenden este aspecto elemental y vital de la actividad humana.   Barreiros continuaba refiriéndose a su vida pasada en España: 

 — El primero en llegar era yo, luego los mandos medios y finalmente los obreros. Con los mandos, despachabamos los problemas pendientes, lo que sucedería en el día y luego veía personalmente como marchaban las cosas directamente con los trabajadores. Todos los días supervisaba mis plantas y eso mismo hago en Cuba. Veo lo que pasa aquí, en la fundición de la Lisa, en la de Pinar de Río, en el CATDA. Para el próximo año nos proponemos fabricar el motor Taino con un 80% de componentes nacionales y llegaremos algún día al 100%.   

En aquel recorrido me iba diciendo despacio y con detalles lo que hacía esta o aquella máquina. Me señalaba —ves aquella... hay pocas en el mundo. Acerquemosnos, quizás la General Motors tenga otra igual.   Un día Barreiros entra de improviso al taller donde se analizaba un motor estacionario Lombargini y llama la atención sobre la forma en que debía colocarse una pieza. Al ver que Barreiros colocó invertida la pieza, con un impulso instintivo le alerté: Señor Barreiros... disculpe. La pieza estaba montaba de esta otra forma... gracias joven, muy bien, ¿así? —Fue su reacción.  Luego, realizó varias preguntas y se marchó a despachar en la oficina de la dirección.   El ingeniero con el que encontraba, una vez solos, me increpó: 

 —¿Tu estás loco? ¿Cómo vas a corregir al viejo? ¡No hagas eso más!   

—¿Pero qué ha pasado? No viste que lo estaba haciendo invertido y agradeció  la observación. No ha pasado nada y no entiendo por qué me hablas así —dije contrariado y algo ofendido por la forma.   

—No importa, no digas nada, después lo arreglamos —volvió a insistir.  

—Si volviera a pasar lo vuelvo a hacer  —concluí, ahora indignado.   

Barreiros inspiraba mucho respeto, pero tengo la impresión que había gente que no le decía toda la verdad o no lo rectificaban aunque se tratará de algo evidente. Esas personas desconocían que jamás Barreiros se molestaría por una intervención oportuna y en cambio mucho se hubiese agraviado de haber descubierto tales actitudes formales y en algún caso oportunista. El código Barreiros dictaba “escuchar las sugerencias aunque procedan de gente modesta”. Nadie que actuara de buena fe iba a recibir jamás de él una mala respuesta o una reprimenda.  Desde mi primera experiencia con Barreiros yo sabía que era accesible y, dada mi juventud, en ese momento no llegué a enteder aquella actitud de respeto equivocado (o irrespeto a veces) de algunos técnicos y directivos cubanos, pocos por suerte pero con la capacidad para dejar el sabor amargo. Desde mi posición de observador y joven estudiante noté que algunos de ellos se preocupaban mucho por asegurar que Barreiros los viera en posición de trabajo cuando pasaba en su recorrido habitual, más que por trabajar verdaderamente. Me parecía que esas proyecciones no se correspondían con la dignidad profesional ni con la actuación que Barreiros exhibía: “Convivir al máximo con los colaboradores, estimularlos en la mayor medida, no querer siempre ganar para sí la última peseta”. No en balde la planta dejó de ser lo que era una vez que Barreiros no estuvo más. —Yo compré con dinero propio la primera computadora para diseñar los motores que desarrollaremos. —Comentaba para ilustrar que no escatimaba si se trataba de mejorar e incentivar el amor y la dedicación al trabajo. Aquello era todo un acontecimiento si se considera que en aquel momento muy poco se conocía y hacía en Cuba relacionado con el dibujo asistido por computadora (CAD).   

Luego, sin que me lo imaginara, Barreiros preguntaba al ingeniero encargado del diseño de motores: —¿Y el jóven cómo va? —Sabía que los mandos se formaban si tenian seguimiento, si había orientación. Me estaba siguiendo. Y creo debe ser un orgullo estando yo muy lejos aún de completar una sólida formación profesional, ser objeto del tanteo experto para saber si había o no madera en mi, consciente que el futuro no podía depender siempre de él. Había que garantizar la continuidad de la empresa “y eso sólo se logra con mandos preparados”, “a veces hay personas excepcionalmente dotadas que se malogran porque no se les ha facilitado la necesaria oportunidad” y “porque hay que rodearse siempre de buenos colaboradores y amigos”. Sencilla sabiduría la de Barreiros, pero difícil de aplicar por otros cuando falta una estructura empresarial adecuada, experiencia y valores. Sería interesante saber lo que sucedió después de la desafortunada desaparición de Eduardo Barreiros, en la primeramente incipiente y luego huérfana industria automotriz cubana, pero sería un desvío que nos alejaría demasiado de Barreiros.  

 Ni los golpes duros, ni los desgarros del alma, ni los dedos cercenados por aquel trabajo impetuoso, dedicado, directo, real, humano, arrebataron la humanidad de Eduardo Barreiros. Quizás la grandeza de este hombre se puede sintetizar en su visión emotiva de aquella escena de la niñez en la que jugaba con un coche de juguete de otros niños: “cuando estaba mas entusiasmado papá me llamó y me dijo: Eduardito vámonos que aún nos falta mucho por andar [...] y con la tristeza que un niño educado sabe reflejar con un silencio elocuente que llega al alma, Barreiros se alejó despacito y ...”apenas habíamos recorrido unos 200 metros cuando uno de los niños vino corriendo y me regaló el cochecito”. Luego, parece que Barreiros nos devolvió amplificado ese gesto de grandeza al entregarnos, sin intereses, el ejemplo de una vida, a personas que como yo en algún momento no encontraban un modelo de profesional y un camino y andábamos igual que él en la escena, caminando despacito y desolados.    

Mientras Barreiros moría, de alguna manera y en secreto, algo de su semilla logró crecer en mi. No continué por el mundo automovilistico, ni diseñando motores,  pero ello no impidió que me llegara un pedazo de su esencia como ser humano. Sentido de la responsabilidad. Saber escuchar. Saber delegar. Mostrar gran capacidad de decisión. Ser una buena persona. Y eso es, precisamente, lo que cuenta. Ojalá, como piensa mi padre, nos podamos ver más adelante de nuevo señor Barreiros. Porque con certeza estamos en deuda. Y no quiero que piense que soy mal pagador...

 

CLASE MUNDIAL, EXCELENCIA Y MEJORA CONTINUA

CLASE MUNDIAL, EXCELENCIA Y MEJORA CONTINUA

Por Luis Felipe Sexto   

Lo bueno es enemigo de lo excelente. Y lo excelente es enemigo del  desarrollo. Ya se que algunos no estarán de acuerdo a priori, pero concédanme el derecho de argumentar la idea. Si de algo se afirma que es “excelente”, “óptimo”, entonces se acepta que no hay nada que sea mejor. En otras palabras, se  trata de un algo “insuperable”. La excelencia siempre será una función de criterios y paradigmas temporalmente determinados. ¿La excelencia de hace 30 años es la excelencia de hoy? ¿Lo excelente hoy lo será mañana? La aspiración legítima de alcanzar la excelencia temporal en el mantenimiento de la empresa lleva a la idea de lograr lo que se denomina mantenimiento de clase mundial. Pero no sería justo intentar imitar resultados derivados de realidades no comparables. Mantenimiento de clase mundial significa satisfacción y superación de las expectativas y necesidades de mantenimiento de la organización con referencia a la potencialidad que proporcionan las tecnologías del momento, y en relación con el contexto social y de mercado de hoy. A juicio del autor, es posible denominar mantenimiento de clase mundial al proceso de mantenimiento que satisface los requisitos y expectativas, relativas a cada momento del desarrollo de la humanidad y contexto social y de mercado, relacionadas con la seguridad, el medio ambiente, la calidad y la economía. Un mantenimiento de clase mundial  implica liderazgo y debe ser demostrada su existencia. El benchmarking pueden ser uno de los mecanismos que contribuyan a ubicar y decidir si el proceso de mantenimiento de una organización puede clasificar como de clase mundial. Sin embargo, siempre las comparaciones y evaluaciones deben hacerse relativas a parámetros que realmente puedan ser comparables entre diferentes empresas que operan también en realidades diferentes.  Las tecnologías de moda, bien pudieran no responder a la estrategia de una empresa en particular debido a su falta de ajuste a una realidad, o a la incapacidad de ser asumida por la organización. Más importante que el resultado es el estudio de las condiciones y formas de hacer que han propiciado ese resultado, para comprender si se trata de un efecto aislado y obtenido en un esfuerzo por campaña o existe una organización verdaderamente orientada a la mejora continua ―que es la única manera de estar seguros de la posibilidad de mantener o conseguir un posible estado de excelencia, que es como decir mejora puntual.   Alcanzar una condición a la que pueda llamársele mantenimiento de clase mundial, implica tránsito y evolución de la cultura organizacional vista como un todo vivo y en interacción. Hay que mantener la consciencia que se trata de un calificativo con validez hoy, sin la garantía del mañana ―esta última sólo podrá ser otorgada por la adhesión incondicional al principio de la mejora continua.  El punto de partida, seguirá siendo, esencialmente, la identificación de las necesidades propias y la evaluación de la capacidad que se tiene para satisfacer dichas necesidades. No podrá ser sostenible un desempeño, clase mundial, de un proceso aislado en la empresa si el resto de los procesos de la organización no se orientan y trabajan igualmente por ser mejores en el tiempo.  La excelencia es un resultado temporal. La mejora continua es un principio y un estado permanente. La excelencia, o es dinámica o será un resultado petrificado, premisa para ser fósil. Si hubiera de decidir, como estoy forzado en este espacio, trabajaría siempre por establecer  la mejora continua. La excelencia pensada como estado inamovible compromete el futuro. Por favor, no malinterpretar…

 

EL FALSO SENTIDO DEL AHORRO. UN CASO DE ESTUDIO

EL FALSO SENTIDO DEL AHORRO. UN CASO DE ESTUDIO

Por Luis Felipe Sexto

Entre los objetivos cumbres de cualquier empresa se destacan los que garantizan la calidad y los relacionados con la disminución del costo de mantenimiento y el incremento en la disponibilidad de las máquinas críticas. Sin embargo, el hecho de emplear menos elementos que los necesarios, bajo la guía de un falso concepto del ahorro, puede llevar a resultados totalmente opuestos. Tal es el caso, por ejemplo, de una transmisión por correas y poleas que acciona a un ventilador de 75kW@1765r.p.m. en un Molino de Trigo.

El ventilador diseñado para ser accionado por cinco correas, estaba siendo movido por sólo tres. Y funcionaba, ¡claro está!  Ahora bien, el hecho de restar correas implica un tensado inicial superior, para poder garantizar la capacidad portante de la transmisión. A partir de aquí se desencadenan varios efectos. En primer término se provoca un esfuerzo no previsto de flexión en los árboles de las poleas. Esto, a su vez, trae por consecuencia una sobrecarga en los rodamientos que provoca su deterioro acelerado y el incremento del consumo eléctrico. Como si fuera poco, el calor que desprenden los rodamientos se adiciona al producido en el enrollado —donde la temperatura se dispara proporcionalmente a la demanda de corriente.

La conjugación de todos esos factores activa la alta probabilidad de dañar el motor tanto eléctrica como mecánicamente.  Esta probabilidad es aún mayor si el motor ha sido reparado (enrollado varias veces), porque cabe esperar la aparición de corrientes de fuga que contribuyan a complicar todavía más las ya difíciles condiciones de explotación del conjunto motor-trasmisión-ventilador.No en vano en el Molino donde se realizó el trabajo resultó que los motores quemados y el deterioro prematuro de los rodamientos significaban el 28% de las averías, las cuales constituían  el 60% de las pérdidas de producción (¡!).

El costo de reparación de un motor de 75 kW es de aproximadamente $2000. Pero téngase en cuenta que el costo de la avería es muchas veces superior, ya que no considera solamente la reparación sino también lo que se deja de producir y todos los recursos (humanos y materiales) empleados en la convivencia con la falla y su consecuente alimentación. Hecho  inaceptable para una máquina crítica.En este caso se determinó el tiempo promedio de duración de las correas de la transmisión. En una ocasión  para las tres correas impuestas y en otra para las cinco concebidas por diseño. Los resultados se observan en la tabla.  

Cantidad de correaslongevidad (horas)
32025 (3 meses) ¿?
55962 (8 meses) ¡!

Aquí huelgan los comentarios. Queda demostrado lo factible de utilizar lo necesario y la inefectividad de implementar la política de un supuesto “ahorro de insumos” no premeditado. Realmente, con la colocación de la cantidad de correas adecuadas se evita la compra desmedida de este elemento, y se gana un tiempo de cinco meses sin interrumpir por ese concepto el uso de la máquina. Pero la ganancia principal hay que observarla  en la mayor duración de los rodamientos, en la reducción del consumo energético y en el alargamiento de la propia existencia del conjunto. Los resultados fueron explícitos y aleccionadores.  

 

A MOVING MUSEUM

A MOVING MUSEUM

By Luis Felipe Sexto  

You walk along a Cuban street and you think you have arrived at the crossing point of all times.

Visitors arriving in Havana enjoy e new world: old, strange and vital. We’re not talking about colonial palaces. Nor of old fortresses. Neither about famous songs or dances. It has to do with the fascinating anachronous mixture of old and modern automobiles, because Cuba, and especially its capital, treasures an un equaled stock of ancient cars that are still circulating. 

Some 155 000 vehicles manufactured before 1960 are estimated to be currently running. Most of them are North American Ford brand and Thunderbird. Also Cadillac, Buick, Chevrolet, Oldsmobile and Pantiac. Chrysler cars are also very popular such as Imperial, Chrysler, Dodge, Plymouth, and Valiant. Visitors may even find in the streets some long gone brand names. Such is the case of Packard and Studebaker, companies that disappeared in 1959 and 1963, North American laws that prohibit trade with Cuba made impossible for models manufactured during the following years to cruise on the archipelago’s streets and highways. 

Old European models such as Peugeot. Mercedes Benz, Volkswagen, Leyland, Morris and others also roll our streets openly defying the pass of time. Automotive history in Cuba started when the defeated Spanish army hadn’t yet retreated. The first automobile owned by the merchant José Muñoz appeared on the streets in December 1898, causing the uproar of Havana’s people. The French vehicle manufactured by La Parisiense was a big success and gave way to many murmurations, comments and fun making.  Its incredible cruising speed was of 12 km/h and it cost 1000 pesos –almost the same as a good horse with a carriage. 

It’s estimated that in year 1917 there were around 4 500 automobiles circulating in the island, mainly in Havana. Many of these  early relics  may be seen in the Museum of  Automobiles located in Old Havana’s Historic Center.  

The moving Museum housing old automobiles with more than 90% of their original parts and in perfect technical condition is really something. This club so attractive for tourists has the best kept cars –some of them were manufactured more than 80 years ago.  

Cuba –an especially Havana- are the trusty holders of a moving and unique museum, thanks to the endeavor of conserving these automotive jewels of the past.

 

UN MUSEO EN MOVIMIENTO

UN MUSEO EN MOVIMIENTO

Por Luis Felipe Sexto 

Anda usted por una calle cubana y le parece que ha entrado  en el cruce de todos los tiempos.El visitante que arriba a La Habana disfruta de un mundo que podría parecerle novedoso por lo antiguo y extraño por su contradictoria vitalidad. No se trata de los palacios coloniales. Ni de viejas fortalezas. Tampoco de bailes ni de canciones famosas. Es la mezcla seductoramente anacrónica de vehículos antiguos y modernos. Porque Cuba, y en particular su capital, atesora un parque irrepetible de automóviles antiguos en circulación. 

En la actualidad se estima en unos 155 000 el número de vehículos en funcionamiento, fabricados antes de 1960. En su mayoría se pueden encontrar coches norteamericanos de las marcas de Ford como, por ejemplo, Lincoln, Mercury, Continental y Thunderbird. También los Cadillac, Buick, Chevrolet, Oldmobile y  Pontiac. Además, gozan de dinamismo autos pertenecientes a Chrysler como  Imperial, Chrysler, Dodge, Plymouth y Valiant. El visitante puede encontrar por las calles vehículos  con marcas que desaparecieron. Tales son los casos de Packard y Studebaker, firmas extinguidas en 1959 y 1963, respectivamente.   

Después de 1960, las leyes estadounidenses que prohíben  el  comercio con Cuba impidieron que modelos de los años subsiguientes rodaran por las calles y carreteras del archipiélago. También se pasean en abierto desafío al tiempo coches europeos antiguos con los sellos de Peugeot, Mercedes Benz, Wolkswagen, Leyland, Morris  y algunos otros.  

La historia del automóvil en Cuba se inició cuando todavía el vencido ejército español no había finalizado su retirada. En diciembre de 1898, apareció en las calles con gran escándalo de los habaneros el primer automóvil propiedad del comerciante José Muñoz. El vehículo, francés producido por La Parisiense,  fue todo un acontecimiento, objeto de las más diversas murmuraciones, burlas y comentarios. Desarrollaba la increíble velocidad de doce kilómetros por hora y su costo fue de mil pesos, casi lo mismo que un buen caballo con su coche. 

Se calcula que en la Isla, ya para el año 1917, existían alrededor de 4 500 automóviles que circulaban, en lo fundamental, por las calles habaneras. Muchas de estas primeras reliquias pueden ser vistas en las áreas del museo del automóvil ubicado en el Centro Histórico de La Habana Vieja. 

Todo un acontecimiento resulta el Museo Rodante que acoge a los vehículos antiguos con más de un 90% de componentes originales y en perfecta disponibilidad técnica. Este club, de gran atractivo turístico, reúne a los mejores conservados, algunos de los cuales fueron  fabricados hace casi ochenta años. Gracias al afán por mantener esas joyas automovilísticas del pasado, Cuba, y La Habana en particular, es fiel depositaria de un museo en movimiento y sin igual.